Barcelona en EL SECRETO DE LA MODELO EXTRAVIADA, de Eduardo Mendoza 

EL  SECRETO  DE  LA  MODELO  EXTRAVIADA, de EDUARDO MENDOZA 

Círculo de Lectores, S.A.U. Por cortesía de Editorial Planeta, S.A., 2015

Barcelona, 2015

 

Ilustración de la sobrecubierta: Pep Boatella

Ruta por la Barcelona de El secreto de la modelo extraviada 

LLEGAMOS A BARCELONA:

Salimos "Desde Almenar" por la N-230 hacia la Estación de ADIF Lleida Pirineus. Allí podemos tomar un tren de alta velocidad, Ave o Avant, con parada en la Estación de Barcelona- Sants. El recorrido será de 1 hora y 10 minutos.

Y ya en Barcelona, nos desplazaremos en metro (L5, línea azul, con un cambio en la parada Provença para enlazar con la L7) hasta la plaza de John F. Kennedy, situada entre el Paseo de Sant Gervasi y el final de la calle Balmes, donde se encuentra la parada Av. Tibidabo, final de trayecto de la L7 (Barcelona Pl. Catalunya – Av. Tibidabo). En este punto situamos el inicio de nuestra Ruta literaria de la novela de Eduardo Mendoza El secreto de la modelo extraviada.

 

 

 

                                          Plaza de John F. Kennedy

A partir de ahora, daremos un paseo por la ciudad de la novela de EDUARDO MENDOZA (Barcelona, 1943), que nos muestra en dos épocas distintas aunque relacionadas con el turbio secreto. Su protagonista es el mismo “loco” sin nombre ya conocido de otras novelas desde El misterio de la cripta embrujada. Ahora, se gana la vida como repartidor de  un restaurante chino  cuando, de pronto, recuerda el enigma del caso de la modelo llamada Olga Baxter, ocurrido en los años ochenta,  en cuya muerte fue involucrado sin conseguir demostrar que él es inocente y sin acabar de comprender qué sucedió exactamente. Era la Barcelona de los años previos a las míticas Olimpiadas del 92, primera parte de la novela.

La segunda parte transcurre, pasados unos 25 años, en la época actual. Barcelona sigue siendo una de las ciudades más fascinantes del mundo, la de los bellísimos edificios modernistas, pero también la de las grandes posibilidades de negocios, sobre todo para algunos privilegiados que las aprovechan a base de bien.

Así que de la mano del “loco” protagonista, un antihéroe, un pícaro convertido en detective "para salvar el pellejo", iremos percibiendo la verdad del asunto, la otra cara de la ciudad, la “alta” y la “baja”,  la de las apariencias, la corrupción casi normalizada, la suciedad física y moral, incluso superior en la “zona alta”, como es el ejemplo de la familia Linier. 

Actividades clandestinas, chantajes, evasiones fraudulentas, peligro a mansalva desfilarán ante nuestros ojos. Podría resultar una novela terrible pero Eduardo Mendoza nos cuenta las cosas de manera que hasta podemos llegar a partirnos de risa  y a deducir sin afectación que nuestra democracia tampoco resulta ser lo que parecía.

Las agudas observaciones del “loco” y el lenguaje, de una exagerada formalidad mezclada con expresiones vulgares, callejeras, groseras, crean un gran efecto cómico. Y es que el humor sorprende en la obra de Eduardo Mendoza.  Mucho de cervantino tiene este estilo, en el que no faltan la crítica, la parodia ni la ironía.

Precisamente, Eduardo Mendoza ha recibido el premio Cervantes 2016, máximo galardón de las letras en lengua castellana, pues su obra ha contribuido sin duda a enriquecer la literatura hispana. Es interesante escuchar el discurso de aceptación de este prestigioso premio, en el que el escritor nos comenta sus reflexiones como lector de “El Quijote”, la genial obra de Cervantes.

 

EMPEZAMOS NUESTRO ITINERARIO:

1. Plaza de John Fitzgerald Kennedy.

Salimos de la parada Av. Tibidabo, al final de la calle Balmes, donde se encuentra el domicilio de Eduardo Mendoza, cerca del paseo de Sant Gervasi.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En este Paseo de la “zona alta” de Barcelona, situada a los pies del Tibidabo, en la inexistente calle de Sant Hilari (probablemente sea la esquina del Paseo de Sant Gervasi con la calle de Teodora Lamadrid), vivía en los años 80 la modelo Olga Baxter, seudónimo de Rosario Perales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es vecina del señor Larramendi, seudónimo de Magí Amigó y Santaló, quien fue testigo de las idas y venidas del siniestro “coche negro”, relacionado con su muerte, y autor de una importante confesión en la que da a conocer la existencia de la sociedad secreta de empresarios catalanes APALF, que evaden grandes sumas de capital a Suiza. Más tarde, Magí entra a trabajar en la Generalitat, “desde donde pudo hacer muchos favores y recibir por ellos otras tantas muestras de gratitud”. Hasta que es descubierto y se ve forzado a dimitir. A partir de entonces se convierte en “Mikel Larramendi”, nombre vasco ideal para trabajarar de cocinero en el restaurante Casa Cecilia de comida riojana. Pero siente sinceramente la muerte de la “señorita Baxter”, y la pena lo lleva a confesar muchos detalles a Asmarats, el subordinado del comisario Flores y destapar "la punta del iceberg", como suele decirse.

Tras nuestro paseo por la zona ajardinada del bloque de viviendas donde residió la modelo Olga Baxter, tomamos el autobús V15 en el final de la calle Balmes. Iremos bajando por esta larga calle, pasaremos la Plaza Catalunya y nos apearemos en la parada de Via Laietana-Comtal, muy cerca de la Jefatura Superior de Policía .

 

 

  Vista desde la parada del autobús V15. Al fondo, la Torre Andreu (1906), conocida como "La Rotonda" del doctor Salvador Andreu.

 

2. Jefatura Superior de Policía de Cataluña, Via Laietana, nº 43.

En esta Jefatura de Policía se encuentra el despacho del mismísimo comisario Flores desde el final de la dictadura y  los tiempos de la Transición. En la actualidad ya jubilado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El comisario Flores, hombre de mucha labia e ideología dudosa, es el responsable de encomendar al pobre “loco” las “misiones secretas”, consiguiendo que los verdaderos delincuentes, de clase alta, queden a salvo. Asmarats es su ayudante, subteniente de la policía. El doctor Sugrañes está también al servicio del comisario, certifica la locura del protagonista y controla su ingreso en el manicomio el tiempo que crean necesario para su supuesta reinserción. Seguiremos por la antigua y pintoresca calle Comtal, que llega a la Avenida del Portal de l’ Àngel, nombre que recuerda una capilla de la antigua muralla de la ciudad medieval con una imagen del Ángel Custodio en agradecimiento por su legendaria protección de la ciudad. Hoy en día, el Portal de l’ Àngel es una de las principales zonas de tiendas, entre las que se admira el señorial edificio de El Corte Inglés, que fue sede de los Almacenes de Can Jorba desde 1926, obra del arquitecto modernista Arnald Calvet i Peyronill, ganadora del concurso anual de edificios artísticos del Ayuntamiento de Barcelona. Sobre su majestuosa puerta principal, en el grupo escultórico obra de Lluís Faulí , se puede leer aún el lema de la familia Jorba de Manresa y lema de muchos catalanes: "Labor omnia vincit" (El trabajo lo vence todo).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero debemos recorrer el Portal en dirección a la calle Portaferrissa. Iremos pasando por delante de la entrañable Mercería Santa Ana, de 1935, que aún resiste ante la pujanza de las demás cadenas de moda como Zara, Cortefiel, Benetton, etc. Pero, entre todas ellas, destacaré la firma sueca H&M, instalada en un histórico edificio de 1896, del arquitecto Josep Domènech Estapà, realizado para convertirse en la sede de la “Sociedad Catalana para el Alumbrado por Gas”, conocida a partir de 1905 como Catalana de Gas y Electricidad, y hoy en día Gas Natural – Fenosa. Es especialmente curioso comprar complementos de moda en el artístico despacho de maderas preciosas del director de la empresa. Es el signo de los tiempos.

Ya no tardamos en acercarnos a la Fuente de Santa Ana, la más antigua de la ciudad, construida en 1356 inicialmente en forma octogonal, y reformada en 1918 con los típicos azulejos catalanes, con imágenes de mujeres que van a la fuente y un escudo de Barcelona en la pared principal. Ya estamos llegando a la calle Portaferrissa.

 

3. La calle Portaferrissa, cuyo nombre viene a significar Puerta de Hierro, era otra de las puertas de la muralla que rodeaba la ciudad en el siglo XIII. Empieza en la esquina de la calle del Pi y desemboca en las Ramblas, donde se encontraba la Puerta y donde se puede ver otra preciosa e histórica fuente pública de 1680, restaurada en 1959 con azulejos del ceramista Joan Baptista Guivernau.

Eduardo Mendoza sitúa en esta calle, en el supuesto número 46, aunque en realidad llega sólo hasta el 34, la Corsetería Muñoz, donde se dan cita "Fortunata" y la “señorita Westinghouse” y donde  el señor Muñoz, desde bien joven,  ve reunirse allí y “elegir cotillas y sostenes” a los miembros de la APALF, una organización clandestina de empresarios catalanes surgida en los años 60 para oponerse al plan de desarrollo franquista de aquellos años que pretendía relanzar la economía española en perjuicio de la catalana. Desde Madrid, se instaba a los empresarios catalanes a invertir sus beneficios acumulados en los nuevos sectores como la construcción, los transportes y el turismo. Con la idea de oponer resistencia sin oponerse a la dictadura, crean el APALF (siglas de “Andreu, porti’m a la fàbrica!”, que representan la orden de un antiguo “amo” o empresario catalán a su “mosso” de confianza) y optan por llevar todo el dinero posible a Suiza. En los años 80 de la primera parte de la novela, en una época deTransición que crea desconfianza entre los empresarios, la organización sigue en pie con nuevo empuje. Desde esta Corsetería, “Larramendi” o Mingo se pone en contacto con el Sporting Club Santa Clara, un gimnasio de alto standing regentado por don Bernabé de Paquito, para intentar contactar con Normalina Callado, confidente y amiga de la desaparecida modelo Olga Baxter.

Y ahora, tomaremos la calle del Pi en dirección a la basílica de Santa María del Pi, una de las joyas de estilo gótico de la ciudad, con su esplendoroso rosetón, declarada Bien Cultural de Interés Nacional en 1931. Seguiremos por la Placeta del Pi hacia la calle de la Boquería. Atravesamos dicha calle y tomamos la calle Rauric, sin dejarla, siempre recto, incluso atravesaremos la ancha calle Ferran, hasta llegar a la calle Escudellers . Es la "Barcelona profunda", hoy turística.

 

4. La calle Escudellers está ya al nivel del puerto, zona relacionada con la juerga, con lo bueno y lo malo del turismo masivo y con la Barcelona canalla. Conserva alguno de los míticos restaurantes como Los Caracoles, en el número 14 de la calle, fundado en 1834 por Agustí Bofarull y su esposa. Con más de 180 años de experiencia, sigue regentado por descendientes de la misma familia. Fue el restaurante preferido de la gran bailaora Carmen Amaya (1913-1963) o de La Chunga (Marsella, 1938). Y quizás fue su renombre y el de Antoni Bofarull (1895-1973), actor y hasta productor de cine con el director barcelonés Francesc Rovira-Beleta (1912-1999), lo que atrajo a celebridades del mundo del cine como Ava Gardner, Burt Lancaster, Vittorio de Sica, Bing Crosby, John Wayne, Josephine Baker, Alain Delon, Robert Taylor... junto con artistas como Pablo Picasso y Salvador Dalí con Gala. También disfrutaron de Los Caracoles artistas y cantantes como Charles Aznavour, Sacha Distel, Julio Iglesias o el Pescaílla; además de médicos como Puigvert o los Barraquer, entre otros. Y ya en los años 80, fue visitado por Gérard Dépardieu, Catherine Deneuve o Robert de Niro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La calle Escudellers está también relacionada con el ambiente del flamenco barcelonés: guitarristas, cantaores, bailaores. Otros locales conocidos son el Restaurante Colom, en el número 33, La Fonda, en el número 10. O los bares La Concha y La Castanya. Y es justo en esta bulliciosa calle donde Eduardo Mendoza sitúa el esperpéntico bar Facundo Hernández, que en los años 40 había albergado una peña taurina, y donde la “señorita Westinghouse”, un travestí convencido que ayuda al “loco” en sus investigaciones en algunos momentos importantes, organiza su tertulia de “chicas”, con Raúl, "la Filo", "Fortunata" y "la Tifus". En la segunda parte de la novela, resulta ser el “coronel Westinghouse”, un coronel retirado del ejército admirador del caudillo y los ideales franquistas, que hasta presenta un programa de televisión titulado “La enseña” y se lamenta de que Barcelona se haya convertido en “la Meca del turismo internacional”.

Y salimos a las Ramblas, a la Plaza del Teatre, presidida por el Monumento al gran dramaturgo, poeta y empresario teatral barcelonés, Frederic Soler “Pitarra” (1839-1895). Y, en frente, el antiguo Teatro Principal de Barcelona, antiguo Teatro de la Santa Cruz, el más antiguo de la ciudad. Construido entre 1597 y 1603 como un corral de comedias, en 1728–1729 se amplió y se edificó en piedra. El 27 de octubre de 1787, un incendio lo destruyó por completo. Reconstruido gracias a las donaciones de nobles de la ciudad, el nuevo teatro, más suntuoso, fue inaugurado en 1788. Representaba el teatro de la nobleza y altos funcionarios de la ciudad, por lo que entró en clara competencia con el Gran Teatre del Liceu, edificado por los burgueses de Barcelona en sus tiempos de máximo esplendor. El Teatro Principal vivió una larga decadencia y en enero de 2006 cerró sus puertas. Detrás del Teatro, en el barrio del Raval, vivió su infancia y juventud el “loco”, y vivía Cándida, su desafortunada hermana, en la “Plaza del Mocarro”.

Saludamos a lo lejos la estatua de Colón e iniciaremos nuestra subida por las Ramblas rodeados de turistas de toda clase y condición, sin olvidarnos de los carteristas venidos de todos los confines, pedigüeños y los “top manta”. En nuestro camino, pasaremos cerca del Gran Teatro del Liceu y Círculo del Liceu, la Academia de Buenas Letras, el Ateneo, la Biblioteca de Cataluña, lugares a los que el “loco” no tiene acceso. Y disfrutaremos del popular mosaico o Pavimento de Joan Miró , obra de 1976, en el que predomina el azul del mar Maditerráneo.

Y a la altura de la calle de Santa Anna, avanzaremos por dicha calle, que recibe el nombre de la medieval iglesia y antiguo monasterio de Santa Anna , vinculado a la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén desde el siglo XII, para salir de nuevo al Portal de l' Àngel.

Nuestra ruta se dirige ahora fuera del Portal, hacia el distrito del Eixample, diseñado por Ildefonso Cerdà (1815-1876), hacia la calle de Pau Claris, cerca de la Diagonal. Podremos tomar el autobús de la Línea 22 en la parada de Ronda de Sant Pere nº 5, frente a los grandes almacenes El Corte Inglés de la Plaza Catalunya, que recorre el Paseo de Gràcia entero. Bajaremos en la parada Pg. de Gràcia- Diagonal.

 

5. Número 179 de  la calle de Pau Claris:International School of Modelling” del señor Llewelyn de París. Por la acera que rodea el edificio de La Pedrera (Casa Milà) y la de la calle Provença, nos dirigimos en primer lugar hasta el número 179 de  la calle de Pau Claris, próxima a la Avinguda Diagonal.

 

 

 

 

 

 

       Hotel H10 Casa Mimosa

 

Podemos admirar la imponente fachada del actual Hotel H10 Casa Mimosa, de 4 estrellas, inaugurado en 2016 en este bello edificio modernista del siglo XIX rehabilitado. El edificio, de 1892, fue un encargo de la familia Godó al arquitecto Joan Martorell i Montells, autor de obras como el Palau Robert, el colegio de los Jesuitas de Sarrià, la restauración del Monasterio de Pedralbes y parte de lo que hoy es el Palacio Real de Barcelona, en la antigua finca de los Güell. Aquí, en el primer piso de este edificio, de inmenso portal para carruajes, “puerta cochera” abierta de par en par  y garita de conserje sin conserje, es donde el señor Llewelyn de París, seudónimo de Pedro Portusachs,  joven y guapo, con fama de gay sin serlo,  dirigía su escuela de modelos, de la que Olga Baxter era alumna. Y ya, como hicieron el señor Llewelyn y su modelo, salimos a la Diagonal y bajamos caminando “chano chano por el paseo de Gracia”, hoy que es también un bonito día de primavera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aquí mismo, observando La Pedrera de arriba a abajo, la señorita Baxter, natural de Figueres,  pronuncia su talentosa frase:

“En Figueras, esto mismo, en más pequeño, lo hacen las vacas.”

 

6. La Pedrera o Casa Milà, de Antoni Gaudí (Reus, 1852- Barcelona, 1926). El objetivo “secreto” de nuestra visita a la Casa Milà es subir a la azotea como hicieron el señor Llewelyn y la modelo en los años 80, aunque en aquellos años Gaudí no gozaba de tanta popularidad y se encontraron solos. En la actualidad, con las bandadas de turistas, la soledad es imposible. “La señorita Baxter se asomó a la barandilla”, el señor Llewelyn se colocó a su lado, mudo, hasta que, en vez de decirle un piropo,  le suelta: ”En realidad, te he traído a este lugar porque ayer unos señores me encargaron que te asesinara simulando un accidente”. Ella, aterrorizada, se abraza a una de las chimeneas. “¿De verdad me vas a matar?” Y él: “Si yo no cumplo lo acordado con “el caballero del coche negro” – que no llega a la categoría del “Caballero de los Espejos” o de “la Blanca Luna” del Quijote- enviarán a otro, y éste no dejará que el amor se interponga en su camino”. Y ya no explicamos más, pero ha dicho "amor"..

Tras esta maravillosa visita, ¿qué más podríamos pedir? Quizás una cena en la Casa Cecilia, cocina riojana, aunque sin el pobre Magí de cocinero. Descendemos por el Paseo de Gracia en dirección a la calle Diputació , situada detrás de la Universidad de Barcelona.

 

7. Casa Cecilia, cocina riojana, de la calle Diputación.

Sin duda, nuestro paseo nos ha llevado por los contrastes de Barcelona. Dejando atrás La Pedrera de Gaudí, seguimos adelante por la misma acera del Paseo. Anonadados por la elegancia y belleza de sus edificios, cruzamos las calles de Mallorca y Valencia. Y en esta esquina, vemos ¡el elegante hotel Majestic! ¿Es el mismo hotel de aquellas conocidas noches de triunfos electorales? De esos tiempos se dice también que sólo conocemos “la punta del iceberg”. ¿Será el espíritu de la novela que nos trae semejantes recuerdos? Mejor será que nuestros ojos se llenen del espectacular buen gusto de las casas de aquellos burgueses de Barcelona: la Casa Batlló (de Antoni Gaudí), la Amatller (de Puig y Cadafalch), la Mulleras (de  Enric Sagnier) y la de Lleó Morera (de Lluís Domènech y Montaner).  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Casa Lleó Morera

 

 

 

En la calle Diputació, giramos a la derecha, cruzamos la Rambla de Catalunya y la calle Balmes. Avanzamos entre el Seminario y la Universidad, atravesamos las calles de Enric Granados  y  Aribau  y, en el número 214, vamos en busca de “Casa Cecilia, cocina riojana”, donde Larramendi se refugió en su mugrienta y creativa cocina junto a su compañero de Bután, a quien el loco llama “el butanero”. Y, ¡sorpresa!, en su lugar encontramos la Wild Beef, Hamburguesería “Gourmet Burger”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En lugar de un vinito de Rioja, nos tomaremos unas hamburguesas con una buena cerveza Moritz, de la Ronda de Sant Antoni. Mientras saboreamos nuestra cena,  no podemos dejar de pensar en El caso de la modelo extraviada: ¿Es un disparate absurdo en tono de farsa?, ¿un modo de hablar de algunos temas casi sagrados, intocables, tabús de nuestra fantástica democracia, como hizo Cervantes en su Quijote? Os invito a leerla y a que saquéis vuestras propias conclusiones.

Con la lectura nos hemos divertido, hemos paseado y conocido un poco más... Barcelona.

Texto: Magda Español Raidó